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portal del GES de la SEM

 UNA ACTIVIDAD MINORITARIA
“Es evidente que la espeleología es minoritaria. Sus características hacen que, de entrada, sea necesario mantener una condición física de alto nivel para practicarla. Por otra parte, son pocas las personas que se sienten atraídas por los lugares oscuros y menos aún las que toleran las estrecheces que tantas veces nos encontramos. Si a esto le sumamos un frecuente paso por lugares embarrados y una permanente exposición a la humedad –cuando no a los baños completos-, nos encontramos con que es una ínfima parte de la población la que podría sentirse atraída por nuestra actividad.
No es una mala situación, puesto que la fragilidad del mundo subterráneo es incompatible con un número alto de personas circulando por él. Es bueno, por tanto, que la espeleología sea una actividad minoritaria. Pero ¿debemos hacer una bandera de ello? ¿es deseable ser cada vez menos?”
” Muchos grupos de espeleología, tras décadas de trabajo, han acumulado una gran cantidad de información sobre su zona de estudio. Cuando estos grupos desaparecen por falta de relevo, este trabajo de tantos años queda enterrado en archivos de difícil acceso a personas ajenas al grupo. Si tras unos años de inactividad surge alguien dispuesto a retomar la exploración en esa zona, probablemente tenga que empezar de cero. Una de las mayores satisfacciones de un investigador es el reconocimiento, difusión y continuación de su trabajo; así, deberíamos tratar de poner las condiciones para que el relevo se produzca de forma natural y evitar las soluciones de continuidad en la investigación. Esto pasa necesariamente por captar a esa pequeña parte de la población afín a la espeleología que existe en la sociedad.”
Invisibilidad de los espeleólogos

Las particulares características de nuestra actividad hacen que seamos prácticamente invisibles para la sociedad. A los montañeros se les ve caminando por las carreteras, a los ajedrecistas jugando en los bares, a los futbolistas –¿dónde no se ve a los futbolistas?-. En cambio, nosotros nos cambiamos de ropa furtivamente para seguidamente meternos dentro de un agujero, desde donde no se nos ve salir hasta diez horas después. Por ello, a la vista del público no existimos.

Esto produce situaciones paradójicas. Para no seguir teorizando en abstracto, valga que me ponga a mí mismo como ejemplo: durante toda la vida he sido aficionado a meterme en los agujeros y explorar sitios oscuros; era algo normal para mí. Un buen día, leí en el periódico que un grupo de espeleología llamado ADES organizaba un cursillo. Había pasado 33 años viviendo entre Eibar y Lekeitio, sin saber de la existencia de los grupos de mi zona (al menos tres, según he sabido después). ¿Culpa mía? Puede ser, por no haber puesto el suficiente afán en investigar si tanto me tiraba la cosa; pero también puede ser debido al poco empeño de los espeleólogos en hacerse visibles. Si estamos de acuerdo en que de entrada son muy pocas las personas que pueden compartir nuestra afición en la sociedad, qué diremos si a esto se añade el desconocimiento de la propia existencia de la Espeleología.”
Grupos impenetrables

” Pongamos que hay una persona a la que le atraen las cuevas; está bien físicamente, dispuesto a mancharse, mojarse, pasar estrecheces y busca un grupo de espeleología concreto donde poder aprender. Le espera una tarea bien difícil: conseguir contactar con el grupo, y participar de sus actividades.

En efecto: quizás por influencia de los antiguos habitantes de las cavernas, los espeleólogos no destacan precisamente por su don de gentes. En muchas ocasiones un grupo de espeleología es una cuadrilla hermética; este carácter sectario se ve reforzado en la medida en que pasamos mucho tiempo juntos, viviendo experiencias muy intensas, que son difíciles de compartir no sólo con la gente que no conoce el mundo subterráneo, sino incluso con espeleólogos de otros grupos.”
” Consideremos que de las personas que consiguen acceder al grupo, una gran parte lo abandona poco tiempo después; podríamos cifrar de forma optimista en un 3% el número de personas que finalmente decide quedarse. De esto se deduce que para conseguir tan sólo un nuevo fichaje, deberemos “aguantar” a unos treinta y tres novatos que se acabarán marchando.”
EVOLUCIÓN DE UN GRUPO DE ESPELEOLOGÍA ESTÁNDAR
“…..pero estoy seguro que un gran porcentaje de los espeleólogos de hoy en día (se) reconocerán en una fase u otra de éstas que describimos…..”
Primera fase: un grupo de amigos lo inicia 

” Normalmente, un grupo formal (de espeleología o cualquier otra actividad) se constituye por gente que previamente se conoce, y que decide profundizar en la actividad en cuestión, buscando los recursos necesarios para ello. Esta amistad previa marcará las etapas sucesivas: el grupo gana en cohesión, el aprendizaje en paralelo produce que todos los miembros tengan parecido nivel… No obstante, esto también puede resultar un inconveniente: las “cuadrillas” suelen ser reacias a aceptar nuevos miembros.”

Segunda fase: años de ilusión e iniciativa.
“Tras la toma de contacto con el medio y el aprendizaje, el grupo entra en su época dorada. Son años en los que tenemos todo por descubrir, somos jóvenes y fuertes, nos llevamos bien, no tenemos compromisos… La actividad es profusa y son años bonitos para recordar, a los que frecuentemente se hará referencia (“en mis tiempos…”) en posteriores fases.”
Tercera fase: enfados, escisiones.
“Como bien sabemos los espeleólogos, la fricción erosiona la roca más sólida; así sucede también con las relaciones humanas. Podrán pasar más o menos años pero es inevitable que en el otrora bien avenido grupo acaben produciéndose roces, malentendidos y discrepancias. Una actitud constructiva puede resolver estas situaciones y desde luego ésto es lo deseable para mantener la actividad por su cauce.
A pesar de ello, puede ser imposible (o nosotros incapaces de) reconducir la situación, y que las rencillas produzcan una fractura del grupo. Individuos que se marchan, escisiones que dan lugar a otros grupos… suceden principalmente en esta fase”
Cuarta fase: jubilación masiva (del grupo de amigos original) y/o fase agónica.
“Aquellos amigos que empezaron haciendo espeleología juntos tienen generalmente la misma edad. En un momento dado, su condición física comienza a decaer; a esto puede unirse una saturación o falta de motivación para seguir con la espeleología; el hecho de entrar bajo tierra todos los fines de semana comienza a percibirse como una tarea no apetecible; ni que decir tiene que el ambiente interno del grupo influye bastante (a estas alturas ya no es un grupo homogéneo en cuanto a nivel técnico ni edad)… pueden ser muchos los motivos que produzcan un enfriamiento en el ánimo del espeleólogo.
Teniendo en cuenta que la edad de los miembros originales suele ser parecida, haremos notar que habrá muchas posibilidades de que todos ellos lleguen simultáneamente a este estado. Si el núcleo motor del grupo lo componen espeleólogos veteranos, tendremos un grave problema a las puertas.
El carácter agónico de esta fase lo podríamos describir como un “quiero y no puedo”. Los veteranos espeleólogos no tienen motivación para seguir en el trabajo de campo, pero tampoco desean que el trabajo de veinte o treinta años quede olvidado bajo el polvo. Son los miembros más jóvenes –si los hay- quienes quedan con la responsabilidad de llevar la iniciativa, y esto suele ser complicado si hay gente imprescindible que no haya sabido delegar funciones.
En este punto suele ser incluso más difícil para una persona ajena al grupo contactar con él y participar de sus actividades”
Quinta y última fase: disolución y despiste de archivos.
“En esta situación, la inercia del grupo lleva a su muerte clínica. Pese a que la disolución formal nunca llegue a producirse, sus miembros pierden los hábitos de trabajo: no se reúnen, no hacen salidas de campo, los archivos se “despistan” (tema este que mencionaremos aparte por su gravedad), los locales se pierden… La zona de exploración queda así abandonada, a la espera de que un buen día algún grupo de chavales decida adentrarse en él. Y pudiendo darse el caso de que tengan que empezar las exploraciones desde cero, sin poder acceder a la información que acumuló el antiguo grupo ni continuar sus trabajos.”ç
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